lunes, 15 de noviembre de 2010

La venganza se sirve en plato frío

Capítulo VI: La venganza se sirve en plato frío

Capítulo dedicado a mi madre, que hoy cumple años para alegría de todos los que la conocen y de mí, especialmente. 
Que disfrutes de este capítulo como he disfrutado yo de tus relatos.
Ella es la impulsora de mi invención y mi pasión por la literatura. Gracias y felicidades.

Después de un fin de semana de impaciencias y nerviosismo, antes de entrar en la cafetería que hay debajo de la oficina, donde sabía que estaban mis compañeros junto a la inspectora Hidalgo, recordé las palabras de mi profesor de Latín, Aitor:
“La venganza se sirve en plato frío”. Ahora me disponía a servir la mía propia.
Practiqué una de mis patéticas sonrisas burlonas y me dispuse a comenzar el show.
- Buenos días, inspectora Hidalgo- saludé amistosamente mientras me sentaba en la silla libre que había justo enfrente de donde estaba sentada Candela.
- Hombre, parece que el fin de semana le ha calmado, ¿ya se le pasó el cabreo?- al tiempo que preguntaba sonreía cruel, como ella era.
- Vicente, te he llamado el fin de semana y no me has contestado- me susurró Antonio.
Lluis me saludó con un gesto, cabizbajo aun por el ridículo que habíamos protagonizado el viernes anterior.
- Pues yo diría que sí, o mejor dicho que no. Nunca estuve cabreado, aunque sí molesto por sus malas mañas.
- Me ofende, inspector- debía de sentirse muy orgullosa de su broma.
- Sin embargo, estoy convencido de que la que va a cabrearse hoy es usted. A fe mía que así será- después de decir esto emití una sonora carcajada, practicada con anterioridad, al estilo de las de las películas de terror.
 Me miraron los tres contrariados. Creo que pensaron que había perdido la cabeza.
- ¿Porque debería cabrearme?- preguntó, recelosa, Candela.
- Porque el cuadro ya había aparecido para cuanto nos intentó gastar la broma.
- No puede ser- Lluis, contrariado, saltó de la silla.
- Pues sí.
- No me lo creo- dijo Antonio.
- Yo tampoco- la inspectora parecía algo nerviosa.
- Vamos a la oficina, pues.
A continuación, los cuatro nos levantamos y nos dirigimos a la oficina que estaba a escasos metros del café.
Ya en el laboratorio…
- ¡No es posible!- Candela parecía fuera de sí- ¿cómo es que no me avisaron?
- El inspector Ares nos aseguró que él mismo le daría la noticia- el pobre Ricardo me miró con cara de póquer.
- No te preocupes, Ricardo, todo está bien. Luego te lo explico- le dije intentando tranquilizarle.- Si me acompaña le aclararé todas sus dudas, inspectora Hidalgo.
Todo estaba saliendo según lo previsto. Estaba pletórico. Había hecho un gran papel y estaba muy orgulloso de mí mismo. Pero aun quedaba lo mejor.
- No puedo comprender cómo actuó de esa forma tan irregular- me gritó en el despacho.
- ¿Me va a hablar de irregularidades, usted que nos intentó chulear?
- Sí, pero a nosotros podías habernos dicho algo- se quejó Lluis.
- ¡Qué vergüenza!- refunfuñó Antonio.
- ¡Bah!, sois unos bocas. A la mínima os hubiera pillado.
Los dos me miraron con cara de pocos amigos.
- Los hechos fueron los siguientes- carraspeé para hacerme el interesante.- Una vez confirmé en laboratorio que era el original, vine al despacho de la inspectora a informarle del hallazgo que, inesperadamente, tuvo lugar el jueves por la tarde. Y cuál no fue mi sorpresa cuando la escuché hablando con su tío, nuestro muy querido antiguo jefe (la puerta estaba entreabierta)…
- Es usted un miserable…- yo creo que casi me da una bofetada de la rabia.
- Tendrá que oírlo. Quiera o no- ella calló- Bueno, pues como iba contando, la conversación era realmente jugosa. Se trataba de la broma que le iba a gastar a tres ineptos inspectores que por casualidades de la vida éramos nosotros. Así que la cosa era bien fácil. Hice como si nada y rogué que no pasase por laboratorio. Mis súplicas fueron escuchadas y la farsa continuó hasta hoy…
- Es usted un fatuo y un intrigante…
- Inspectora creo que lo segundo también se lo puede aplicar.
Lluis y Antonio rieron con ganas.
- ¿Cómo se atreve a escuchar las conversaciones privadas de los demás?
- Pues mire, no es costumbre, pero estaba usted con unas risas que no la quise interrumpir y cuando escuche mi nombre junto al calificativo de inocente… Por cierto una risa angelical y cantarina.
Mis compañeros estaban que se tiraban por el suelo.
Sin previo aviso, Candela me pegó una bofetada y salió del despacho.
Se hizo el silencio.
- La tienes en el bote- dijo descaradamente Antonio.
- No sé, no sé… pero lo que está claro es que al final la broma le ha costado cara.
Con todo, tras cobrarnos la broma del viernes, fuimos a nuestro despacho para continuar la tarea.

3 comentarios:

Dilaida dijo...

Muy bien Marcos y Felicidades a tu madre y a ti.
Bicos

nocheinfinita dijo...

Pero si Candela solo queria gastaros una broma...

Muy buen regalo para tu mami, y para nosostr@s.

Un abrazo

noche

Anna Jorba Ricart dijo...

Pa chulos ellos...
felicidades a tu madre y a ti que te has de sentir pues orgulloso ....