viernes, 1 de octubre de 2010

El misterioso sombrero negro

Capítulo I: El misterioso sombrero negro

El reloj marcaba las doce en punto.
- Pasen- dijo el inspector Hidalgo.
Nunca había visto su despacho tan abarrotado.
Una vez nos sentamos en las sillas libres que quedaban…
- Veinticinco años. Veinticinco años he trabajado en esta oficina. Pero el tiempo pasa y, ya ven, me llegó la jubilación.
Un murmullo generalizado recorrió la sala. Yo, de la impresión, me quedé sin palabras. ¿Tantos años tenía Hidalgo?
Bien es verdad que nunca habló mucho de su edad, pero hasta donde alcanzaba, hubiera jurado que apenas rozaba las sesenta primaveras.
- Sí, una jubilación anticipada, un pelotazo- algunos rieron- pero como comprenderéis la percepción no es igual a los treinta que a los sesenta. Ya va tocando dejar paso a las nuevas generaciones que siempre aportan algo nuevo. Bueno o malo, pero algo nuevo.
- Desde luego que no me lo esperaba- comentó Lluis sentado en su sillón del despacho.
- Ni yo- dijo Antonio mientras archivaba unos informes en una carpeta del armario.
Nuestro despacho no era tan amplio como esos que aparecen en las películas, pero era lo suficientemente espacioso como para que entrásemos en él con nuestros bártulos.
- Es extraño que se jubile de forma tan apresurada, eso no cabe duda, pero la cuestión es quién será su sucesor- sugerí malintencionadamente.
- Ares, Ares- corearon Antonio y Lluis al unísono.
- Bien, si el pueblo me aclama, yo no me negaré.
Los tres reímos. De sobra sabíamos que no estaría entre los planes del hasta ahora jefe ascenderme. No era uno de sus preferidos, ni quería serlo, a decir verdad.
Después del trabajo fuimos a tomarnos unas cañas al bar que estaba justo debajo de la oficina.
- Oye, me ha dicho Clara que el nuevo jefe llega mañana- cuchicheó Antonio- y que llega pisando fuerte.
- Mientras no nos pise el cuello, todo va bien- sentenció Lluis certeramente.
- Sí, peor que Hidalgo seguro que no puede ser. Aunque nunca se sabe, muchas veces más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Al llegar, a la mañana siguiente, a la oficina, Clara me paró en el mostrador de Secretaría.
- Ares, el jefe le espera en su despacho.
- ¿El nuevo?
- Ya verás qué sorpresa.
Mientras caminaba la intranquilidad aumentó por segundos: ¿De quién se trataba? ¿Por qué me iba a sorprender, según Clara, del nuevo nombramiento? ¿Era alguien conocido?
Llamé a la puerta.
- Pase- contestó una voz ronca.
Al entrar pude comprender que la oficina iba a cambiar mucho.
La estética del despacho había evolucionado del barroco menos complejo al clasicismo más evolucionado.
El orden cuadriculado, la sobria decoración y sobre todo la ausencia del maldito humo que tanta tos me producía en las numerosas reuniones con Hidalgo.
“¡Que maravilla!”, pensé, las cosas iban a cambiar para bien.
Pero lo cierto es que no pude ver cara ninguna.
El jefe estaba sentado en la silla giratoria dándome la espalda y lo único que pude ver fue un misterioso sombrero negro que provocó en mí un escalofrío indescriptible. Uno de esos que te hacen presentir lo peor.

8 comentarios:

Dilaida dijo...

Está interesante, esperaré la continuación con impaciencia.
Bicos

ignacio dijo...

tejes escenas con tanta naturalidad, que el lector se introduce como personaje mudo en ella.
Conversan los personajes al modo real, tantas veces escuchado en los despachos.
Después el sombrero negro protagoniza mil finales, tantos como el lector desee o quiera ver
Yo me quedo con que Las primeras impresiones son las que marcan las relaciones entre los humanos
Gracias por participarnos

Ciberculturalia dijo...

Creo que ese misterioso sombrero negro va a traer los peores presagios. Espero ansiosa.

Un beso

Marcos dijo...

Gracias a los tres, ya sabéis que las puertas de esta posada siempre las tendréis abiertas.
Saludos transeúntes.
P.D.: Continuará...

Anna Jorba Ricart dijo...

a lo mejor no por ver ese sombrero negro,intrigante, los presentimientos han de ser negativos....
es el miedo a lo desconocido...
estaré espectante ...

Marcos dijo...

Bienvenida, Anna. Estoy contigo, es el miedo a lo desconocido. Te espero el viernes con el segundo capítulo.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Caramba, me has dejado bien colgada, esperaré impaciente el capítulo siguiente,Un abrazo.

Marcos dijo...

Ya queda menos, Geni. Gracias por pasearte por aquí.
Un peto.